CRÓNICA MARATÓN DE VALENCIA 2015

web-VMMB2925

web-VMMM2353Crónica de MARIO:

Después de exactamente cinco meses de preparación finalmente llega el día de la carrera. A las 6:00 de la mañana suena el despertador y me voy preparando para bajar a la cafetería del hotel. A diferencia de otras veces, no me dejo llevar por la variedad del buffet y desayuno exactamente lo mismo que he venido desayunando desde hace 20 semanas como primera medida preventiva para evitar sorpresas.
Unos días antes había comentado con Pino la estrategia de carrera y habíamos visto tres posibles opciones en función de las condiciones específicas del día D: una “idónea”, una más conservadora y otra más arriesgada. Teniendo en cuenta que el día amenazaba con ser caluroso y que ya había pagado bastante caras en el pasado otras imprudencias, por una vez en la vida opto por el término medio.
Después de desayunar y de uniformarme convenientemente, Pilar y yo recorremos a pie los cerca de dos kilómetros que separan el hotel de la zona de salida, junto a la Ciudad de las Artes y las Ciencias, a donde llegamos cerca de las 8:00. Hacemos algunas fotos y finalmente nos dirigimos al cajón de salida. Acordamos un punto de encuentro y entro en el cajón para empezar a calentar.
A las 9:00 suena el pistoletazo y la primera hornada de corredores va progresivamente tomando la salida. Como ya es habitual, los primeros metros, resultan un tanto caóticos debido por una parte a la gran cantidad de corredores y, por otra, a que la gente sigue teniendo la maldita manía de colocarse en cajones que no les corresponden… (que tengo 1:55 en medio maratón… pues me coloco con mis amigos en el cajón de las 3:30 y el que venga detrás que arreé)
Tras recorrer los dos primeros kilómetros en modo canadiense, o lo que es lo mismo, apaleando focas, consigo finalmente alcanzar mi ritmo objetivo de carrera. Ahora la estrategia es bien sencilla: mantener ese ritmo hasta el final. No hay que ser ingeniero, ni siquiera hace falta pensar demasiado, sólo evitar irme de ritmo tanto por exceso como por defecto; aunque procuro ahorrar tres o cuatro segundos por kilómetro teniendo en cuenta que hacia el kilómetro 22 habrá que hacer una pequeña parada técnica y que el margen de error del Garmin puede resultar bastante significativo tras 42 km de recorrido.
Como los avituallamientos se veían desde lejos y además eran bastante largos, había tiempo suficiente para ir ganando alguno de los márgenes y poder coger agua sin tropezarte con nadie ni entorpecer a los corredores que vienen detrás. El powerade lo paso de largo, pues había leído hacía algunas semanas que dificultaba la asimilación de los geles energéticos.
Hay bastante ambientación musical entre las bandas que tocan a lo largo del recorrido, la megafonía y dos personajes con una Ford transit que iban con un equipo de música encaramado en el techo de la furgoneta. A parte, la presencia de público a lo largo de casi todo el recorrido supone un aliciente, excepto en algunos puntos donde llega a ser molesto debido a que estrechan demasiado el paso, hasta el punto de llegar a tapar la línea azul con la que estaba marcado el trazado.
En el kilómetro 15 abro el primero de los tres geles que tengo programados y que habían sido previamente testados el día del medio maratón de Fuenlabrada. Hasta ahora todo va bien. Voy fresco, respiro con facilidad y voy bien de piernas. Paso la media exactamente en el tiempo que tenía previsto.
Los kilómetros van cayendo y observo con satisfacción que voy consiguiendo mantener el ritmo constante. Casi sin darme cuenta (en el sentido más estricto del término) llego al temido km 30. Aquí es donde mucha gente se da contra el famoso “muro” y aquí es donde en el mes de mayo, en Vitoria, estuve cerca de salirme del recorrido; pero sorprendentemente voy de maravilla. No me duele nada, no acuso cansancio, lo único que me molesta es el calcetín del pie izquierdo, pero no me parece motivo suficiente para quejarme. Venía mentalizado para pasar las de Caín a partir de este punto y de pronto me encuentro con que o bien mi nivel de tolerancia al sufrimiento se ha incrementado sin avisarme o bien arrastro menos castigo del que debería. Empiezo ya a encontrarme con corredores que se han rendido y optado por seguir caminando.
En el kilómetro 39 otra vez vuelve a haber masificación de público hasta tal punto que resultaba difícil ver el avituallamiento del 40. Entre que el paso se estrecha y que los caminantes son cada vez más, resulta muy difícil avanzar posiciones. Normalmente, cuando pides paso te lo ceden, excepto aquellos que, como corren con auriculares aun estando prohibido, no te oyen y hay que “ayudarles” a que se aparten.
Entro en la Ciudad de las Artes y las Ciencias recogiendo cadáveres. Tras la primera recta hay un giro a derecha y luego otro a izquierda, entre medias impacto contra un guardia de seguridad que estaba parado en mitad del recorrido. En el convencimiento de que muy posiblemente le haya derribado, opto por no mirar atrás y seguir apretando. Enfilo la recta de meta: esa famosa llegada sobre el agua que queda tan espectacular en las fotos pero que, vista en primera persona no me pareció para tanto. Paro el crono en 3:25:03, la marca que había venido a hacer y la marca que finalmente hice. Como decía el inolvidable George Peppard en su papel de Hannibal Smith: me encanta que los planes salgan bien.
Aunque ya lo haga a diario, en días como este cabe aún más destacar el inagotable apoyo de Pilar, el asesoramiento técnico de Pino y el ánimo y buen humor que transmiten mis compañeros de entrenamiento. Gracias a todos 

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