Zurich Maratón de Sevilla – 17 de Febrero 2019

El pasado domingo 17 de febrero nuestros corredores Joaquín y MARIO, participaron en ZURICH MARATÓN DE SEVILLA, Mario portando el globo de las 4 horas. A continuación la emocionante crónica de Mario, fotos y enlace al vídeo.

Cuando publiqué en redes sociales mi foto del maratón de Berlín la titulé “die letzte Schlacht” haciendo alusión a que aquella había sido, muy posiblemente, mi última batalla; la última vez que me enfrentaba a los 42 kilómetros y 195 metros. No era ningún secreto que mi relación con el deporte en general y con el atletismo en particular no atravesaba su mejor momento; que ya habíamos tenido algún conato de separación y que no era del todo impensable que más temprano que tarde oficializásemos nuestro divorcio. Sentía que cada vez me exigía más y me aportaba menos y que esa situación de desencanto terminaría por estallar.

Al encontrarme con varios frentes abiertos tanto en lo personal como en lo deportivo, opté por no tomar decisiones que me afectaran a más de cinco días vista y dejar el asunto en observación para ir viendo cómo evolucionaba. Y así fueron pasando las semanas hasta que un día, sin esperarlo, vibró el teléfono. Era un mensaje proponiéndome repetir por cuarto año consecutivo como liebre en el maratón de Sevilla. Estaba desentrenado, lesionado, anémico y posiblemente deprimido, pero no pude dejar de ser quien soy y tardé unos nueve segundos en decir que sí. Tenía desde aquel momento un nuevo objetivo, y tenía mucho trabajo por hacer si quería estar a la altura. El camino iba a ser largo, sinuoso y oscuro, pero hace tiempo que ya no persigo cosas fáciles y seguras, sino cosas que me entusiasmen lo suficiente como para que aun aterrándome esté dispuesto a asumir las posibles consecuencias.

Con todos estos pensamientos en la cabeza, con mi camiseta del memorial de Markel, el pañuelo del Reto Dravet  y con Rammstein sonando de fondo, recorrí los cerca de tres kilómetros que separan el Estadio Benito Villamarín del Paseo de las Delicias de Sevilla convencido de que aquel iba a ser un gran día; aunque el hecho de que el globo se pinchase antes incluso de entrar en el cajón no suponía el mejor de los presagios…

A las 8:30 suena el pistoletazo y los 14.000 participantes se ponen en marcha. Avanzamos por el Paseo de las Delicias hacia la Torre del Oro. La salida es ágil y en apenas unos metros podemos coger el ritmo que deberemos mantener hasta el final de la contienda.
Cuando todo parece estar en orden, el globo “de repuesto” se suelta y se pierde entre las nubes… Pero el grupo ya estaba formado y el hecho de llevar un pañuelo morado me hace fácilmente reconocible, por lo que continuamos según lo previsto.

Inmediatamente antes de girar a la izquierda para entrar en la Isla de la Cartuja alcanzamos al otro globo de
cuatro horas, que había salido algo más adelantado, formando un único grupo realmente numeroso en el que, por el momento, reina el entusiasmo y el optimismo. La tercera de las liebres no tarda en perder su globo y yo a él de vista, de manera que hacia el kilómetro 10 me encuentro liderando en solitario el grupo de cuatro horas.

Dejamos Triana y volvemos a cruzar el río para repetir nuevamente el tramo que discurre junto a él, pero en esta ocasión alargando hasta el
Parque del Alamillo por Antonio Jiménez Becerril. El grupo sigue siendo muy numeroso, y muchos de los corredores han empezado a entablar conversaciones entre ellos.

Casi sin darnos cuenta llegamos a la estación de Santa Justa que, con el nuevo trazado, supone el paso por el medio maratón. Hemos sufrido ya alguna baja y el cansancio empieza a pesar, pero el gran ambiente que se vive anima a los corredores a seguir adelante.
Hasta aquí todo va bien.

El tramo de la avenida Kansas City me resulta, al igual que en el resto de las ediciones anteriores, tremendamente soporífero, pero yo no sé si por una cuestión de percepción o porque realmente han acortado este trozo, se me pasa más rápido que otros años y no tardamos en llegar al Sánchez Pizjuán. A partir de aquí y hasta el final del recorrido, la cantidad de público y el calor que transmiten hacen que te
sientas élite por un día.

Poco después de pasar el kilómetro 30 llegamos al Benito Villamarín ya con un grupo bastante menos numeroso  y con caras un poco menos lustrosas entre los que quedan. Se despide de mí un corredor que había tenido el detalle de ir cogiéndome agua en los avituallamientos, y que necesitaba
imperiosamente bajar el ritmo. Seguimos por la avenida de La Palmera e incluso llegamos a divisar la meta, pero  inmediatamente antes el trazado vira hacia la derecha dirección Plaza de España, aún nos queda batalla por librar.

Aquí se me plantea un pequeño conflicto de emociones pues si bien es cierto que ésta ha sido siempre mi parte favorita del recorrido, también fue, en la edición 2018, el principio del fin. Fue aquí donde noté el chasquido en el isquiotibial izquierdo que me avisaba de lo que estaba por venir aquel año y al que debí hacer caso en ese momento en lugar de esperar hasta junio…

Pero esta vez estaba siendo distinto, esta vez iba ligero y con paso firme. Levábamos ya 35 kilómetros y
tenía la sensación de poder hacer otro tanto. El dolor no había hecho acto de presencia y no parecía tener intención de hacerlo. Y con la cabeza puesta en el cambio que había pegado el cuento pasamos el kilómetro 40.

Lo que queda de recorrido es, sencillamente, indescriptible. La calle Tetuán, el mural del Studebaker, el ayuntamiento, la Giralda… incluso a mí que es difícil callarme me resulta casi imposible explicar con palabras lo que se siente al pasar por aquí. Y unos cientos de metros después, vemos de nuevo la meta, pero en esta ocasión, para atravesar su arco. Arco que cruzamos en 3:59:42. Parece que el globo ha ejecutado su misión de manera certera y precisa. Es el momento de abrazos, felicitaciones y fotos. Sólo hemos compartido cuatro horas de nuestra vida, pero de alguna manera nos sentimos como si nos conociésemos de siempre, como si fuéramos responsables los unos de los otros.

Desde aquí quisiera transmitir mi enhorabuena a todos los que alcanzaron su objetivo aquel día y a aquellos que aunque no lo consiguieran, tuvieron el coraje y la determinación de perseguirlo pues, señores, esto es maratón; es un amante celoso y caprichoso que lo demanda todo sin ofrecer a cambio ninguna garantía. Y hace falta tener mucho valor para dedicarte en cuerpo y alma durante tantos meses de preparación a algo que puede encumbrarte o hundirte en un solo momento.

De igual manera quiero reiterarme en mi eterno agradecimiento a esas personas que con sus palabras, con su apoyo, con sus manos, sus directrices o su sola presencia, no sólo han hecho que me reconcilie con este deporte y con esta distancia, sino quizá que lo ame con más intensidad que nunca. Sabéis quiénes sois, sabéis que necesitaré dos vidas para agradeceros todo lo que habéis hecho y otras dos para disculparme por todo lo que me habéis aguantado. Sabéis que este triunfo os pertenece.

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